Leyendas e historias de la españa profunda, romantica, oculta y misteriosa.

bienvenidos a este nuevo blog, debo decir que es el primero que escribo, tengo un motivo por el cual he decidido crear este blog, soy escritora, amante de los libros, de la lectura, de las historias y leyendas, estoy intentando recopilar información sobre historias, leyendas, cuentos populares y demás relatos acerca de nuestra tierra, tengo como proyecto escribir un libro sobre nuestras leyendas y deseo que las personas que gusten escriban y compartan las historias que conozcan, ya sean breves relatos que han quedado en la memoria de las abuelas, rumores de los pueblos o cuentos populares que han sobrevivido al tiempo. No importa de que tema en particular sea, no tiene por que ser algo grande ya que a partir de un breve relato se puede investigar y dar paso a una gran historia que ha permanecido en el silencio de las gentes que lo vivieron hasta el instante en el que se difunda en este blog, agradezco a todo aquel que invierta un espacio de su tiempo en compartir su historia o leyenda y a todo aquel dispuesto a leerla. Sin mas dilación solo queda decir que espero que consigamos un gran numero de relatos para aunque sea difundido a través de este medio moderno que es internet no se pierdan en las arenas del tiempo. S.N.L

Un tributo a la Alhambra de Granada y a las leyendas de Washington Irving







Una misteriosa noche como esta invita a escribir acerca de una de las maravillas de la humanidad de la que aún podemos disfrutar, vivir, sentir como nos envuelve ese misterio que emana, nos hace recordar viejas leyendas ya olvidadas, nos invita a imaginar como sería la vida entre aquellos muros, cuando el sultán recorría aquellas estancias y las princesas jugaban por aquellos patios y parajes... que hoy podemos recorrer solo como admiradores de aquellas mágicas vidas, al menos diferentes, ver granada desde la visión mas hermosa de la ciudad, pues no solo es hermosa la Alhambra desde Granada, también la ciudad tiene una visión mas acogedora desde los muros de la torre de la vela por ejemplo, la cual tiene una leyenda y una tradición que aun se sigue llevando a cabo y que mas adelante contaré, antes debemos empezar por el principio o incluso antes...


*-Algo de Historia:
    
Eran tiempos del Reino Nazarí en Granada cuando Mohamed-Ben-Nazar (o Nasr), llamado Al-Ahmar el Rojo (ya que tenía la barba roja).
Entra en Granada por la Puerta de Elvira para ocupar el Palacio del Gallo del Viento en el año 1238, con una entrada triunfante la población le recibió con el grito de «Bienvenido el vencedor por la gracia de Alá»,                   él respondió: «Solamente Alá vence».

Patio de los leones
 Éste es el lema del escudo nazarí y también está escrito por toda la Alhambra. Ben Al-Hamar construyó el primer núcleo del palacio. Su hijo Mohamed II, que fue amigo de Alfonso X el Sabio, lo fortificó.

El estilo granadino en la Alhambra es la culminación del arte andalusí, lo que ocurrió a mediados del siglo XIV con Yusuf I, que construyó la Torre de Comares, y con Mohamed V, quien edificaría el Patio de los Leones.
 Tras la conquista de los reyes Católicos la Alhambra pasa a ser palacio real. El conde de Tendilla, de la Familia de Mendoza, fue el primer alcaide cristiano de la Alhambra. Hernando del Pulgar cronista de la época, cuenta: «El Conde de Tendilla y el Comendador Mayor de León, Gutierre de Cárdenas, recibieron de Fernando el Católico las llaves de Granada, entraron en la Alhambra y encima de la Torre de Comares alzaron la cruz y la bandera».

*-Accesos a la Alhambra: 

Puerta de las granadas
El camino central, si se sube por la Puerta de las Granadas, es para transporte público, y llega hasta el Palacio de Carlos V Andando se puede llegar hasta la Puerta de la Justicia (justicia para casos fáciles) (anteriormente la Bab Axarea, la Puerta de la Explanada, y en ella nunca se impartió justicia) que es de la época de Yusuf I, 1348. En el centro puede verse el relieve de una mano, sobre el 2º arco, el relieve de una llave.  Esta simbología ha dado lugar a muchas explicaciones, aunque ninguna definitiva, una posible es explicarlo como una metáfora del conocimiento (la mano debe coger la llave que abre la puerta del conocimiento).
Puerta del vino, plaza de los aljibes



Se desemboca en una explanada llamada Plaza de los Aljibes, por estar encima de una serie de aljibes. A la derecha está la Puerta del Vino, que comunica la Alcazaba con la zona de palacios (los dos más famosos y mejor conservados son el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones).Detrás de la Puerta del Vino, dejando a la derecha el Palacio de Carlos V, se accede a la zona de los palacios.


Cuando los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, conquistaron el reino de Granada, expulsaron al rey de Granada, Boabdil quien estaba triste por haber perdido lo que él llamaba "el paraíso terrenal". Y cuando ya se iba lloró delante de su madre mirando hacia atrás según se alejaba, hacia su Granada, y ella le dijo: llora como una mujer, lo que no supiste defender como un hombre.
El suspiro del moro


En el camino hacia la costa granadina hay un puerto de montaña llamado "El Suspiro del Moro", nombre que se obtuvo de esta leyenda ya que desde este punto se puede observar toda la ciudad y la Alhambra a lo lejos, y desde donde se supone que paró Boabdil para admirar su reino perdido y no pudo evitar llorar.
El paseo de los tristes


Una forma de acceder al recinto es por la Puerta de las Granadas (subiendo desde plaza Nueva), otro acceso es por la Cuesta de los Chinos (al final del paseo de los Tristes.







Mas Adelante profundizaremos en cada una de las estancias, patios, salas, y jardines de la Alhambra, ahora toca algo de leyenda...


Leyendas de La Puerta de la Justicia


Cuenta una leyenda sobre la puerta de la Justicia, relacionada con la construcción misma de la Alhambra. Siempre se ha hablado de la dedicación puesta en la construcción de la Alhambra, tanto en lo decorativo como en lo arquitectónico. Se asegura que tan sumamente recia era su construcción que, aún recibiendo el ataque de mil ejércitos enemigos, jamás caería. Así pues, el día que la llave del arco interior de la Puerta de la Justicia y la mano de su arco exterior se unan, es decir, si la Alhambra cae, será por que ha llegado el fin del mundo.
Otra leyenda cuenta sobre el Arco de la Justicia, que tal era la magnificencia de esta entrada a la Alhambra, que se aseguraba que ningún caballero, montado a caballo con su lanza, podría tocar con la punta de ésta la mano esculpida en lo alto del arco exterior. Tan seguros estaban de ello, que aseguraban que quien lo consiguiese conquistaría el trono de la Alhambra.


Leyenda de La sala de los Abencerrajes 
sala de los abencerrajes


El nombre de Abencerrajes proviene del apellido de una familia de la nobleza de la época, que tenían sus viviendas en el interior de la Alhambra. Dice la leyenda que esta familia tenía como rival político a otra llamada Zenetes, los cuales decidieron acabar con sus oponentes mediante una conspiración... Así, inventaron una relación amorosa entre la sultana y uno de los Abencerrajes, para conseguir despertar los celos y la ira en el sultán... 
El sultán, cegado por la consternación, y en ocasión de una fiesta en la sala que lleva el nombre de la familia, hizo decapitar sobre su fuente a los 37 caballeros que llevaban el nombre de Abencerrajes. Se cuenta que el color rojizo que aun hoy día se puede contemplar en la taza de la fuente, y en el canal que lleva su agua hasta la fuente del Patio de los Leones, se debe a las manchas de la sangre de los caballeros asesinados...


El Suspiro del Moro


Tras arrebatar los Reyes Católicos el último reducto de la dominación musulmana a Boabdil (Mohamed Abu Abdalahyah); el rey moro y su séquito fueron desterrados de Granada y les fue cedido un pequeño territorio en las áridas Alpujarras, donde aguantarían aún unos años. La caída de Granada se debió a la despreocupación de Boabdil por la defensa de Granada y su afinidad a las fiestas y al ocio. Camino a su destierro, Boabdil no osó girar la mirada hacia Granada, y sólo cuando estuvo a mucha distancia, sobre la colina conocida por El Suspiro del Moro se detuvo y observando por última vez su palacio... suspiró, y rompió a llorar. , y fue su propia madre quien le dijo: "Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre".


La leyenda de El Reloj de Sol


Según cuentan, la Alhambra en su conjunto puede ser considerada un enorme reloj de sol. Esto es así ya que, al igual que con un reloj de sol podríamos seguir el transcurrir de todas las horas del día, en la ciudad granadina podemos hacerlo a través de sus estancias. Este fenómeno es especialmente evidente al mediodía, momento en que las dependencias quedan divididas por su mitad como efecto de la sombra.


La leyenda del patio de los leones.


Cuenta la leyenda que hace siglos atrás había una hermosa princesa árabe de ojos profundos, gran belleza, inteligencia y sensibilidad, que acompañada por su padre, un tiránico mandatario, cruel y de espíritu frío viajaron a Al-Andalus alojandose en la Alhambra de Granada
La princesa quedó prendada al instante del esplendor de Granada sintiéndose a cada paso mas parte de aquel lugar que de su misma tierra, por el contrario su padre puesto que era muy celoso le prohibía a Zaira que así se llamaba su pequeña "flor" salir a la calle y relacionarse con la gente.  La única compañía con la que podía contar era la de un talismán que le colgaba del cuello.
El lugar en el que mas tiempo pasaba la princesa, era un patio muy iluminado, donde un día saltó un muchacho, el cual la había estado observando desde fuera de los muros y había quedado prendado con su belleza, los dos se enamoraron aquel día, pero ella sabía de los celos de su padre y que este no dudaría en mandar a uno de sus 11 hombres cortar la cabeza de todo aquel que se acercase a su pequeño tesoro, temerosa de que esto ocurriese le pidió que se marchara y eso hizo el joven con la promesa de volver a por su amada.
El día que el joven Arturo volvió a reclamar el amor de Zaira el sultan entre carcajadas lo encerró en las mazmorras con la fiel intención de darle muerte al alba. La primera en enterarse del cautiverio del joven fue la princesa, la cual quedó abatida al saber el destino de su amado así que entre llantos corrió a refugiarse a una estancia de palacio que no conocía, donde por azar del destino encontró un pequeño diario que pertenecía a su tiránico padre. Ella sabía que no debía leerlo pero el dolor que sentía en ese momento la impulsó a abrirlo, este se abrió por una fecha muy concreta (su primer año de edad), la curiosidad pudo en contra de lo correcto y leyó lo que decía: - "Ya he matado al Sultán y a su consorte real. De la princesa Zaira me he apiadado. Gracias a mis 11 hombres, he conseguido ocupar el trono. Espero que la princesa no sepa nunca del maleficio de su talismán. Ahora ella creerá que yo soy su padre." 
La joven confusa, llamó al sultán y a sus 11 hombres y los reunió en el patio donde ella solía estar. Entre llantos preguntó si lo que había leído era verdad. El sultán, convencido de que con sus 11 hombres al lado, Zaira no podía ni tan siquiera tocarlo, admitió que era cierto.
En ese mismo instante un recuerdo volvió a la mente de la princesa. Recordó a su madre, el día que murió maldijo el talismán que su hija portaba, cuando esta supiese toda la verdad el maleficio que caería al que ahora era sultán y a sus 11 hombres sería terrible. Entonces ocurrió el amuleto se activó, sentía que en ese momento la rabia de un león la poseía y eso dio lugar a que el talisman convirtiera al rey y a sus 11 hombres, en leones de piedra. Después de aquello, Zaira rescató a Arturo y al fin pudieron vivir su amor.
Desde entonces, a ese patio se llama el "Patio de los Leones" y su fuente tiene 12 leones alrededor que según la leyenda son el rey, y sus 11 hombres, que al ser convertidos en leones de piedra llevan ahí desde entonces.


Sobre el nombre "Alhambra"



El nombre con el que se conoce este monumento, Alhambra, procede de la voz musulmana: al-Gal'a al-Hamrá, que significa "La Fortaleza Roja".
La nota curiosa viene cuando nos enteramos de que existe la certeza de que la Alhambra "se elevaba blanca y brillante"... Así pues: ¿Por qué era conocida por su color rojizo?
La razón más aceptada es la dada por el escritor Ibn Al-jatib, que cree hallar el motivo en su apresurada construcción. Debido a esta prisa, eran muchos los obreros que intervenían, y dícese que el color rojo provenía de sus hachas brillando al sol. Así mismo, por la noche se encendían fogatas para iluminar los trabajos de construcción, lo que también daba un aspecto rojizo para quien la observase desde la Vega de Granada.




Los azulejos de Mexuar
Azulejos mexuar


No se trata ésta de una leyenda, si no de un hecho históricamente demostrado.
En la puerta a la Sala de Mexuar, entrada a los Palacios Nazaríes, existía un azulejo en el que podía leerse: "Entra y pide. No temas pedir justicia, que hallarla has."
Se explica esta frase por la cualidad judicial que poseía el sultán en su época, y conocidas eran sus justas e imparciales sentencias.


 Tras algunas leyendas vamos a conocer un poco mas las torres, estancias, salas, patios y jardines que nos deleitan.


UN VIAJE POR CADA ESTANCIA DE LA ALHAMBRA




Torre de Justicia
Torre de la Justicia

La Torre de la Justicia se encuentra en la muralla sur de la fortaleza junto al Pilar de Carlos V y es una de las principales entradas al conjunto de la Alhambra. Según reza la inscripción que se encuentra sobre el arco de la puerta interior, fue construida por Yúsuf I (1333-1353), llamada «Bib Axarea» o puerta de la explanada y terminada en el mes de la Natividad magnificada de 749 (Junio de 1348 de la era cristiana).
Torre de la JusticiaLa fachada presenta un gran arco de herradura, con recuadro de ladrillo, dintel abovedado y en la clave de marmol, una mano grabada en el hueco, considerada por unos amuleto para curar el mal de ojo y por otros emblema del Corán, porque sus cinco dedos corresponden a sus cinco preceptos fundamentales: unidad de Dios, oración, ayuno, limosna y peregrinación a la Meca al menos una vez en la vida.
Tras el espacio abierto que encontramos al traspasar el arco, nos encontramos, en la puerta interior, con otro arco de piedra, también de herradura y abovedado como el anterior, con conchas en su clave y albanegas. En los ábacos de los capiteles de sus columnas se puede leer: «Alá es grande. No hay otro Dios que Alá y Mahoma es su profeta. No existe fuerza sino en Dios». En la dovela central del dintel aparece una llave con un cordón, cuyo significado no está muy claro, aunque se dice que es el símbolo del poder de abrir y cerrar las puertas del cielo concedido a Mahoma, según reza el Corán. Sobre este arco encontramos la inscripción que hace referencia a la fecha de la construcción de la puerta, anteriormente mencionada. Sobre la inscripción, existe una hornacina con una escultura de la Virgen María y el Niño Jesús, réplica de la original, de 1501, que se encuentra en el Museo de Bellas Artes.
La puerta de salida, también con arco de herradura, presenta una decoración de azulejos y ataurique en su albanega izquierda hemosísima.
Antes de la salida de la torre, y en uno de los huecos existentes para la guardia, existe un retablo que reza:
«Los muy altos cathólicos y muy poderosos señores don fernando y doña ysabel rey y reyna de nuestros señores, conquistaron por fuerça darmas este reino y cibdad de granada, la qual después de auer tennido sus altezas en persona sitiada muncho tienpo el rey moro muley hazen les entregó con su alhanbra y otras fuerças a dos días de enero de mil y CCCCXCII años. este mismo día sus al. pusieron en ella por alcayde y capitán a don yñigo lopez de mendoça conde de tendilla su vasallo, al qual partiendo sus al. de aquí dexaron en la dicha con quinyentos cavalleros e mill peones e a los moros mandaron sus al. quedar en sus casas en la cibdad e sus alcarias como primer estavan. este dicho conde por mandamyento de sus al. hizo hazer este algibe.»



Plaza de los Aljibes


Plaza de los Aljibes
Plaza de los Aljibes


El nombre de esta plaza proviene de unos aljibes que construyó el Conde de Tendilla en 1494 en el barranco que separa la Alcazaba y los palacios. Estos aljibes, de 34 metros de largo, 6 de ancho y 8 de alto, se convirtieron posteriormente en la plaza actual al soterrarlos junto con las calles y las plazas circundantes. La plaza forma una extensa explanada entre las torres y las defensas de la Alhambra por un lado, y por otro por la Puerta del Vinoy los Palacios árabes y el Palacio de Carlos V, que nos muestra unas expléndidas vistas de la ciudad, el Albaicín y el Sacromonte. A partir de 1955, se realizaron unas excavaciones que han descubierto la plaza medieval.


Puerta del Vino


Puerta del VinoParece que la Puerta del Vino es una de las construcciones más antiguas de la Alhambra, quizás de la época de Mohamed II. Hoy la encontramos aislada dentro de la Plaza de los Aljibes aunque posiblemente formaba parte de un conjunto de construcciones que cerraba la citada plaza.
Desde 1556, los vecinos de la Alhambra depositaban en esta puerta el vino que consumían y que estaba exento de impuestos, lo que explica de donde proviene el nombre de la puerta, aunque existe otra teoría que dice que su nombre proviene de una simple equivocación, una confusión entre las palabras «Bib al-hamra'» (Puerta Roja o Puerta de la Alhambra), que se supone el nombre original de la puerta, y «Bib al-jamra» (Puerta del Vino), lo cual también probaría que ésta era la puerta que permitía el acceso a la Alhambra alta.
La fachada exterior de la puerta es la más antigua, posee un arco de herradura apuntado y dovelas rebajadas en relieve. En su dintel aparece un símbolo, una llave con un cordón, y un tablero de escayola que reza: «Gloria a nuestro Señor el Sultan Abu 'Abd Allah al-Gani Billah» (Mohamed V). Posee esta fachada un balcón gemelo, al igual que la fachada posterior, de más moderna construcción.
En la fachada posterior podemos admirar un arco con enjutas guarnecidas de decoración policroma de ladrillo. Sobre el arco, aparece un dintel adovelado que sirve de apoyo al segundo cuerpo, donde se encuentra en balcón gemelo anteriormente mencionado y en el que se puede leer en el cruce de sus arcos «Sólo Dios es vencedor» junto al escudo de los reyes nazaríes.

El Palacio de Carlos V


Palacio de Carlos VEl origen del Palacio de Carlos V se debió a la necesidad de un lugar que reuniese todas las comodidades de la época para el emperador y su familia, ya que el Alcázar, que era su residencia de verano, no cubría sus necesidades.
El emperador ordenó la construcción del palacio junto a la Alhambra para poder disfrutar de sus maravillas. El arquitecto encargado de la obra fue Pedro Machuca, un enamorado del renacimiento de acreditada experiencia. La construcción del palacion comenzó en 1527 y finalizó en su totalidad en 1957. La construcción pasó por varias etapas, falta de fondos, sublevaciones que pararon las obras, etcétera. Los techos llegaron a hundirse por abandono.
El palacio es cuadrado, con una fachada principal de 63 metros de ancho por 17 metros de alto. Destaca su patio circular en el centro, único en su estilo y la obra más destacada del renacimiento en España. Sólo están decoradas las fachadas sur y oeste en su totalidad. La norte y este sólo en parte, debido a que el edificio esta unido al Alcázar de la Alhambra.


Palacio Real


Patio de los Leones
Patio de los Leones
Fue Mohamed ben Al-Hamar (Mohamed I) el primer monarca en trasladarse a la Alcazaba y hasta Abu l-Walid Ismail (quinto rey de la disnastía) no se conoce la construcción de ningún palacio. Se construyó entonces uno cerca de la Gran Mezquita pero de este palacio sólo queda el Mexuar, ya que Yúsuf I lo destruyó totalmente, reformando la Torre de Comares, el Patio de los Arrayanes y losBaños, reforma que terminó Mohamed V, que unió todos ellos al Mexuar, realizó la ampliación de la galería que posteriormente se llamaría de Machuca y construyó el Palacio de los Leones. Estos dos monarcas fueron los que más edificios levantaron, reconstruyeron y decoraron en la Alhambra.
 
Palacio Real
Palacio Real
Podemos distinguir tres zonas independientes en el Palacio Real: el Mexuar, que corresponde a la parte semipública del palacio o selamlik, donde se realizaba la administración de justicia y el despacho de asuntos de Estado; el Palacio de Comares, que constituía la residencia oficial del rey y el Palacio de los Leones, que era la zona privada del palacio, donde se encontraba el Harén. No sólo se diferencian estos cuatros en la función que desempeñaban sino también en sus características artísticas. Mientras que el Palacio de Comares es típicamente musulmán, el de los Leones presenta influencias cristianas, que deben provenir de la amistad que Mohamed V y su homólogo castellano Pedro I, el Cruel, mantuvieron durante años.
A partir de la toma de Granada por los Reyes Católicos y hasta nuestros días se han realizado numerosas restauraciones, pero quizás las mayores obras las realizó Carlos V, que añadió varias habitaciones a la Alhambra mientras se construía el palacio que lleva su nombre. Sin embargo, la Alhambra siempre ha mantenido su naturaleza de palacio musulmán.


Mexuar
Mexuar
Mexuar

Es difícil saber cómo se construyó originalmente el Mexuar, ya que las muchas restauraciones y reconstrucciones que se han realizado hasta nuestros días nos impiden saber cómo eran sus aposentos, aquellos que no se encuentran en ruinas. Según las citas del poeta Ibn Zamrak, podríamos decir que pertenecería a los primitivos alcázares nazaríes. Tanto las reformas realizadas tras la ocupación cristiana como la explosión en 1590 de un polvorín que causó grandes destrozos, han producido grandes modificaciones en la distribución y la comunicación, por lo que es difícil saber cómo era originalmente. Realmente, lo único que queda del conjunto de aposentos, situados junto a la torre de Mohamed I, es la nave oriental, que es a lo que llamamos en la actualidad «Mexuar», que tampoco se ha mantenido a salvo de reconstrucciones cristianas, y la galería y Torre de Machuca, así llamada por haber sido vivienda de los arquitectos Pedro y Luis Machuca durante la construcción del Palacio de Carlos V.
Como ejemplo de lo indicado con anterioridad, el exterior de los muros de la sala del Mexuar han sufrido tantas modificaciones que no se sabe cómo eran originalmente. Encontramos cuatro columnas en el centro de la sala, con ménsulas de mocárabes. Sobre la cenefa de yeso existente se puede leer: «Todo lo que poseeis procede de Dios». El techo, de época cristiana, es un alfarje con decoración de lacería. La pared, en su parte alta, está decorada con yeserías, dorados y pinturas, mientras los zócalos son de alicatados de azulejos, y presentan el lema de los Alamares, el escudo de Carlos V y las armas de los Mendozas, ya que don Iñigo López de Mendoza, Conde de Tendilla fue nombrado Alcaide por los Reyes Católicos; también podemos encontrar unos tableros con las columnas de Hércules y una orla de lazos moriscos del siglo XVI.
Al fondo de la sala encontramos una habitación que era utilizada por el monarca para reunir al consejo y dar audiencia. Cuando el rey no se encontraba en palacio era el Cadí, en la sala adjunta, el que oía a los negociantes. En su puerta, un azulejo de la pared reza: «Entra y pide. No temas de pedir justicia que hallarla has». Posteriormente, alrededor de 1632, estas salas se convirtieron en capilla cristiana, y se construyó un coro.


Oratorio
Oratorio

Oratorio

Situado al fondo del Mexuar, este oratorio que se encontraba en un pésimo estado debido a la explosión en 1590 de un polvorín en el valle del Darro, fue restaurado en 1917. La pared frontal presenta cuatro balconcillos, con arcos gemelos y pequeñas ventanas. El mihrab, muy decorado, tiene arco de herradura adovelado, y presenta varias inscripciones que hacen referencia a preceptos del Corán, así como elogios a Mohamed V.




Patio del Cuarto Dorado
Patio del Cuarto Dorado en la actualidad
Patio del Cuarto Dorado e
en la actualidad
Patio del Cuarto Dorado según Lewis 1833
Patio del Cuarto Dorado
según Lewis 1833
Este pequeño patio situado entre el Mexuar y el Cuarto Dorado sirve de unión   entre ambos palacios.
 Durante la época cristiana, presentó unas galerías de madera, para comunicar las habitaciones altas, que se conservaron hasta el siglo XIX. La pila que ocupa el centro del patio en la actualidad es una copia exacta (de 1943) de la fuente original, la cual se encuentra en los Jardines de Daraxa.




Cuarto Dorado
Cuarto Dorado
Cuarto Dorado

Denominado así por el repintado mudéjar de su artesonado, el Cuarto Dorado fue mandado construir por Mohamed V y pertenece al Palacio de Comares. A su entrada encontramos un pórtico de tres arcos sobre columnas, con capiteles de mármol del siglo XII. A la izquierda, un pequeño arco comunica con el Mexuar y, al fondo, existe otro arco decorado con mocárabes, celosías y flanqueado por otros dos pequeños, que enlaza con una pequeña habitación, cubierta con alfarje de lazo con pinturas góticas, el escudo de los Reyes Católicos y sus emblemas. En la pared frontal de la sala, encontramos un balcón dividido por una columna con capitel cristiano bajo un friso de mocárabes. El capitel está decorado con los mismos emblemas reales.


Patio de los Arrayanes


El Patio de los Arrayanes se ha llamado de diversas formas a lo largo del tiempo. La actual denominación (al igual que la de Patio de los Mirtos) se debe a los macizos de arrayanes (o mirtos) cuyo color verde vivo contrasta con el piso de mármol blanco del patio, y que rodean al estanque central. También se le llamó Patio del Estanque o de la Alberca, precisamente por este estanque, de 34 metros por 7,10 metros, que divide el patio longitudinalmente y se abastece de agua gracias a dos pilas de mármol situadas en cada extremo. A ambos lados del patio se encuentran dos naves de aposentos y, en los lados menores, se levantan unos pórticos, sostenidos por columnas de capiteles cúbicos, de siete arcos semicirculares adornados con rombos calados e inscripciones de alabanza a Dios. El arco central es mayor que los otros seis, y presenta enjutas macizas con decoración de ataurique y capiteles de mocárabes.
La galería sur tiene en sus extremos alacenas con vasares de mocárabes y la siguiente leyenda: «La ayuda y la protección de Dios y una victoria espléndida para nuestro Señor Abu Abd' Allah, emir de los musulmanes». La inmensa mayoría de las inscripciones que aparecen en este patio son loas a Dios o al emir. La dependencias que existían en este pórtico sur fueron parcialmente demolidas para construir el Palacio de Carlos V. En la planta superior, sobre un corredor, encontramos una galería de seis arcos y dintel más elevado en el centro, con zapatas de madera, escalonadas y cubiertas de ataurique, con celosías de fines de siglo XIX. 
Como ya hemos indicado con anterioridad, existen distintas habitaciones que han desaparecido pero de las que se han encontrado indicios que nos permiten saber que existieron. El derribo de estas estancias ha hecho crecer la leyenda de que el emperador Carlos V destruyó el palacio de invierno de la Alhambra para edificar el suyo, aunque diversos estudiosos, si bien no se han puesto totalmente de acuerdo en qué era lo que había en aquellas habitaciones, sí coinciden en señalar que no existe ningún indicio de la existencia de ese palacio de invierno.

Las naves laterales eran utilizadas como residencia de mujeres. En la planta baja existen varias puertas que conectan (o conectaron) con distintas dependencias. La decoración del patio en esta galería, excepto el zócalo de azulejos se rehizo durante el siglo XIX, adornándola como el pórtico opuesto.

En la parte superior de la galería norte, tras la que se alza la Torre de Comares, existe un parapeto con dos pequeñas torres laterales, que se rehicieron en 1890 al arder el techo de esta galería y el de la sala siguiente. Los extremos de la galería presentan alacenas con arcos, cúpulas y vasares de mocárabes, sobre un zócalo de azulejos de finales del siglo XVI, el cual presenta una inscripción en su parte superior correspondiente a un poema de Ibn Zamrak, en honor de Mohamed V tras la conquista de Algeciras en 1368.


Salón de Embajadores


Ventana del Salón de Embajadores
Ventana del Salón de los Embajadores
Esta es la sala más majestuosa de palacio, donde se encontraba el trono y se realizaban las recepciones oficiales.
La sala comunica con la Sala de la Barca por un doble arco. Es una sala cuadrada, de 11,30 de lado por 18,20 de altura, que tuvo suelo de mármol, aunque hoy día es de losetas de barro, en el que se observa en el centro el escudo de los Alamares, realizado en azulejos en el siglo XVI. Las demás paredes de la sala presentan cada una tres arcos que dan a tres camarines abiertos en el espeso muro de 2,5 metros de grosor, con balcones gemelos y ventanas encima.
Podemos observar que el salón se haya repleto de inscripciones decorativas: tacas, nichos, arcos, paredes, camarines, etc. se hayan repletos de poemas, alabanzas, al emir, el lema de los nazaríes o textos del Corán, como el que encontramos en la cámara central, la del trono, situado en el alfiz de su arco.
La cámara central, es la de mayor riqueza en cuanto a su decoración. Junto a la inscripción anterior del alfiz, encontramos un artesonado de lazo que cubre el interior de la cámara, que está rodeada por un zócalos de alicatados, adornados con yeserías.
La sala está rodeada por un zócalo de piezas vidriadas formando figuras geométricas, sobre el que podemos admirar una bellísima decoración de atauriques recubriendo la pared, combinando elementos geométricos y vegetales con gran armonía, rematada por una cornisa de mocárabes pintados. Según Fernández-Puertas, el techo se presenta como la representación de los Siete Cielos del Paraíso Islámico, con el trono de Dios situado en el octavo cielo, representado por el cubo central de mocárabes, y los cuatro árboles de la vida situados en las diagonales. La cúpula es una obra maestra de carpintería. Está compuesta por paños de madera de cedro cubiertos de lacería, con un gran cubo de mocárabes en el centro, salpicado de multitud de estrellas, pintado de tal manera que parecen nácar, plata y marfil.
Esta distribución no sólo proporcionaba una atmósfera fresca al estar la mayor parte del espacio en penumbra, sino que además la luz llegaba que del exterior producían efectos de intensa ilumniación que se concentraban en el trono.


Palacio de los Leones


Patio de los Leones
Patio de los Leones

Cuando Mohamed V sucedió a su padreYusuf I, no se limitó a terminar las reformas que éste había comenzado, sino que comenzó a construir lo que sería su gran obra, el magnífico legado que nos dejó en la Alhambra: el Palacio de los Leones. Este palacio constituía las estancias privadas de la familia real, y se construyó en el ángulo que forman los Baños y el Patio de los Arrayanes.
En este palacio el arte nazarí alcanza su máximo esplendor, en el que se alcanza una belleza de una sensibilidad y armonía incomparables, donde la luz, el agua, el colorido, la decoración exquisita, convierte a este palacio en una maravilloso placer para los sentidos, en el que se deja atrás el periodo anterior de decoraciones más abstractas y geométricas para dar paso a un estilo más naturalista, sin duda influjo de lo cristiano, acrecentado por la amistad que mantuvieron Mohamed V y Pedro I, el Cruel, por aquel entonces monarca cristiano. 

Palacio de los Leones
Palacio de los Leones
El palacio está compuesto por un patio central rodeado de galerías de columnas a modo de claustro cristiano, que permite el acceso a distintas salas: al oeste la de los Mocárabes, al este la de los Reyes, al norte la de Dos Hermanas, Ajimeces y Mirador de Daraxa y al sur la de los Abencerrajes y el Harén.





Patio de los Leones


Quizás sea el patio de los Leones el lugar más conocido de la Alhambra. Su nombre procede de los doce leones surtidores de la fuente que ocupa el centro del patio, leones sobre los que descansa la gran taza de forma dodecagonal y que la rodean. Esta fuente, de mármol blanco, es una de las más importantes muestras de la escultura musulmana. En en borde de la taza, se encuentra esculpido un poema de Ibn Zamrak. A comienzos del siglo XVII se le añadió otra taza que en la actualidad se encuentra en el jardín de los Adarves, junto con el surtidor que la remataba, que era posterior, como se puede observar en el grabado.

Patio de los Leones
Patio de los Leones
Mandado construir por Mohamed V, su planta es rectangular, y está rodeado por una galería a modo de claustro cristiano, lejos del estilo del típico patio musulmán andaluz, más parecido al que presenta elPatio de los Arrayanes, sostenido por 124 columnas de mármol blanco y fino fuste, los cuales presentan en su parte superior multitud de anillos, y sostienen capiteles cúbicos y grandes ábacos, decorados con inscripciones y ataurique. Bajo el friso de madera tallada corren arcos de yeso peraltado, menos los de los pabellones y extremos de los lados más largos de la galería, que son de mocárabes, con enjuntas de decorado calado en forma de rombo. Los dos centros de los lados más largos del patio tienen arcos de medio punto mayores que el resto y poseen una arquivoltas de mocárabes, mientras que las enjutas presentan una decoración de ataurique. Estos arcos comunican el patio con la Sala de los Abencerrajes y con la Sala de Dos Hermanas. Sobre estos arcos podemos distinguir los aposentos de las mujeres del sultán. En el centro de cada una de las galerías cortas se encuentran los pabellones, que avanzan sobre el patio, de planta cuadrada, y recubiertos de cúpulas semiesféricas de madera en su interior.
El centro del patio era de jardín bajo y el piso de las galerías de mármol blanco. Este jardín ha sufrido muchas modificaciones a lo largo de los años, y actualmente se ha optado por eliminarlo prácticamente con el fin de evitar humedades que aparecieron en otras épocas. Presenta unos canales de mármol blanco que parten del interior de los pabellones y bajo los cenadores, que confluyen en la fuente central en forma de cruz. En los extremos de los canales existen unos surtidores que proveen de agua a la fuente central.


Sala de los Mocárabes
Sala de los Mocárabes
Sala de los Mocárabes


 La sala de los Mocárabes es la más sencilla de todas las salas del Cuarto de los Leones. Se encuentra a la entrada antigua del palacio, y su nombre se debe a la bóveda de mocárabes que la cubría, y que fue demolida debido al mal estado en que quedó tras la explosión de un polvorín en 1590. Se dividió la sala en dos partes: la parte izquierda se cubrió con una boveda elíptica y se separó, sobre 1636, de la derecha con una reja. En sus paredes se pueden observar fajas de yeserías entre las que se encuentran el escudo y el lema nazarí. Desde 1863 se pueden observar los restos de la bóveda original. El acceso al Patio de los Leones se hace a través de tres arcos de mocárabes.


Sala de los Abencerrajes


Sala de los Abencerrajes
Sala de los Abencerrajes

Se encuentra situada frente a la Sala de Dos Hermanas, y su nombre se debe a que la tradición popular asegura que en esta sala fueron degollados los caballeros Abencerrajes, aunque los autores no se ponen de acuerdo sobre qué monarca ordenó su ejecución. De hecho, existe una mancha de óxido que cubre parte de la pila de mármol del centro de la sala, que la superstición presenta como una mancha de sangre de dichos Abencerrajes.

La entrada a la sala presenta dos arcos separados por un corredor que comunica con el piso alto, a la izquierda, y con el vestíbulo de la entrada primitiva al palacio, a la derecha. El cuadrado central de la sala posee alcobas en sus laterales, con arcos decorados de manera exquisita cuyas columnas poseen capiteles azules, y techos con pinturas. Las paredes presentan cubiertas de yeserías y un zócalo de azulejos del siglo XVI, de estilo renancentista. Sobre ocho trompas de mocárabes encontramos una magnífica cúpula también de mocárabes. En estas trompas podemos leer la siguiente inscripción: «No hay más ayuda que la que viene de Dios, el clemente y misericordioso». Las ventanas situadas en el comienzo de la cúpula dejan pasar una luz tenue que ilumina sus mocárabes, dándole un aspecto mágico.


El Harén


El Harén
Al contrario de lo que popularmente se piensa que era un Harén, éste no es más que el hogar del mandatario, donde no hay recepciones oficiales, ni protocolo, en definitiva, donde el monarca desarrollaba su vida familiar dentro del palacio, lejos de la idea de que el Harén era donde el sultán mantenía a sus esposas alejadas del resto del mundo, constantemente vigiladas por una corte de eunucos, y donde sólo el sultán tenía el acceso permitido. Muy al contrario, la tradición dice que un día Mahoma se encontaba jugando con sus nietos, pero el profeta recibía muy a menudo y sin previo aviso visitas de amigos y fieles. Así que aquél día un grupo de fieles llegó a visitarlo sin avisar y descorrió la cortina tras la que Mahoma se revolcaba en el suelo con los niños. Parece ser que el sorprender al gran maestro en aquella actitud no fue del agrado ni del profeta ni de sus discípulos, por lo que, tras aquel incidente, Mahoma empezó a hablar a sus seguidores de que era necesario habilitar una parte de la casa para uso exclusivo de la familia, donde estuviese prohibida la entrada a los visitantes.  

 Quizás por este error tan habitual se le ha llamado Harén a estas dependencias, que correspondían con los aposentos de las tres esposas del sultán, aunque la cuarta esposa, que era «la favorita» (los sultares acostumbraban a tener cuatro esposas), vivía apartada de las demás, probablemente en la Torre de la Cautiva, donde habitó Doña Isabel de Solís, llamada en Granada Zoraya, y que era la favorita de Muley Hacén. Accedemos al Harén a través de un corredor iluminado por arcos con celosías, encontrando en el centro el mirador de la galería sur del Patio de los Leones. De estos aposentos únicamente queda el patio, que ocupa el centro, que posee dos pórticos de tres arcos sostenidos por columnas. Un arco central, en el pórtico oriental, nos permite acceder a las habitaciones, que eran iguales a las del lado occidental, que desaparecieron al ser construido el Palacio de Carlos V. Las paredes del patio presenta una decoración rayadas con un zócalo pintado en ocre, azul y negro, y un alero tallado, con una yesería de círculos e inscripciones de alabanza al sultán y el lema de la dinastía.
Sala de los Reyes


Esta sala se la denomina de los Reyes por el tema de una pintura que podemos observar en la cúpula central y de la que hablaremos con posterioridad. También se la llamó de la Justicia y delTribunal a partir del siglo XVIII.
Sala de los Reyes
Sala de los Reyes
Se accede a ella desde la cabecera del Patio de los Leones por tres pórticos con arcos triples de mocárabes y decorados con rombos calados, sostenidos por finas columnas. Por su disposión, la sala queda dividida en siete partes: tres habitaciones cuadradas, separadas por dos tramos rectangulares y alcobas en los extremos. En las habitaciones cuadradas se observan cúpulas de mocárabes y se accede a los tramos rectangulares que las separan a través de arcos dobles, tramos que también poseen bovedas de mocárabes, al igual que las alcobas. Toda esta distribución y decorados realzan la luz que penetra en la sala, en la que se contrasta la pesadez de los arcos con la delicada ornamentación de sus muros, compuesta por inscripciones, así como por un zócalo de alicatados que rodeaba la sala, del que sólo quedan dos fragmentos.
Las pinturas que presenta la sala se encuentran en tres cúpulas de madera en forma de elipse, y forradas de cuero. La pintura del centro representa a los diez primeros reyes de la dinastía nazarí (salvo los usurpadores Ismail I y Mohamed VI, el Bermejo). Las de las bóvedas laterales nos muestran escenas caballerescas (de caza principalmente) y románticas, y posiblemente cuentan leyendas o aventuras de reyes musulmanes. A pesar de esto, las pinturas son claramente cristianas, lo que queda patente en la representación de temas musulmanes, mucho más torpe e imprecisa que la de los cristianos. Según las pistas que nos da la pintura de los reyes, podrían corresponder a los reinados de Mohamed VII (1395-1410) o de Yúsuf III (1410-1424).


Sala de Dos Hermanas


Sala de Dos Hermanas
Sala de Dos Hermanas
Aunque quizás podamos pensar que el nombre de esta sala provenga de alguna leyenda o hecho acaecido en ella, el nombre de esta sala se debe a dos grandes losas gemelas de mármol que se encuentran en el piso de la sala. Esta sala era el centro que una serie de habitaciones que servían de residencia a la Sultana y su familia real, y se sabe que la madre de Boabdil vivió aquí con sus hijos, tras ser repudiada por Muley Hacén.
Construída por Mohamed V la sala es cuadrada, con techos de lazo y alcobas que comunican con lasHabitaciones de Carlos V y, a través de un balcón, con los Jardines del Partal. La entrada a la sala se realiza a través de un arco semicircular festoneado, que conserva las puertas de madera originales. A través de un pasadizo podemos llegar a los aposentos altos, con techos labrados en el siglo XVI. A la cámara del mirador se accede a través de tres pequeños arcos, con mocárabes en los arcos laterales y albanegas labradas en el central. A través de sus ventanas podemos tener una vista del Patio de los Leones.
El pavimento de la sala, de mármol, posee una pequeña fuente con surtidor y un canalillo que conduce el agua hasta el patio de los Leones. El elemento más impresionante de la sala, por su belleza y perfección, es la cúpula de mocárabes que encontramos en su techo, en la que la iluminación ha sido perfectamente estudiada, mediante la abertura de ventanitas laterales, convirtiendo la cúpula en una preciosa flor de una riqueza exquisita, que Ibn Zamrak ya dejó recogida mediante un poema del que podemos encontrar un fragmento sobre un zócalos de azulejos, con irisaciones metálicas. Las paredes de la sala están cubiertas de unas finísimas yeserías con diversos temas, entre los que podemos encontrar tanto el clásico lema de los nazaríes «Sólo Dios es vencedor» como, por ejemplo, unas manos cerradas.


Sala de los Ajimeces
Sala de los Aljimeces
Sala de los Ajimeces



Se le llama así a esta sala por los balcones gemelos de su pared norte, que se asoman al jardín. La sala, que comunica con la Sala de Dos Hermanas y con el Mirador de Daraxa es rectangular y está cubierta por una cúpula de mocárabes, rehecha en el siglo XVI. Sus paredes están decoradas con yeserías con inscripciones religiosas y escudos con el lema nazarí. Un friso rodea la sala bajo la cúpula con una inscripción que reza: «La ayuda y protección de Dios y una victoria espléndida sea para nuestro señor Abu' Abd Allah emir de los muslimes».



Mirador de Daraxa


Mirador de Daraxa
Mirador de Daraxa
Desde la Sala de los Ajimeces entramos al mirador por un gran arco apuntado de mocárabes, en el que encontramos un poema en las inscripciones que decoran sus jambas, junto con un zócalo de azulejos de color negro, blanco y amarillo, bellísimo por su finura y destreza a la hora de realizar el complicado motivo que exibe. El piso también es de azulejos, aunque se encuentra muy deteriorado.
El interior del mirador es una salita rectangular, con dos arcos laterales y uno doble frente a la entrada que mira al Patio de Daraxa, que fue cerrado por las Habitaciones de Carlos V. Sobre los ventanales se encuentran unos arcos apuntados de mocárabes, en cuyo paños aparecen inscripciones de alabanza a Dios, a Mohamed V y poesías.

Habitaciones de Carlos V


Habitaciones de Carlos V
Habitaciones de Carlos V
Estas habitaciones se levantaron sobre los jardines que rodeaban el alcázar, y estaban comunicadas con el resto por laGalería de la Reja. Se concibieron como alojamiento de Carlos V mientras se terminaban las obras de su palacio, pero no llegó a habitarlas. Están compuestas por seis salas, terminadas en 1537, situadas las dos primeras entre el Patio de la Reja y el Jardín de Daraxa, las cuales poseen artesonados cuadrados. En el friso de uno de ellos podemos leer: «Imperator Karolus V Hispaniarum rex semper augustus pius foelix invictissimus» y el lema «Plus oultre». En la pared frontal se encuentra una chimenea con relieves de mostruos alados.
Las otras cuatro salas, situadas al norte del jardín de Daraxa, se las conoce como las Habitaciones de Washington Irving, ya que fueron habitadas por el escritor estadounidense en 1829, durante su visita a Granada. En la primera hay una chimenea con los emblemas imperiales y un techo de artesonado, aún más expléndido en la otra habitación. Techos y chimeneas deben ser obra de Pedro Machuca. La otras dos salas, denominadas de las Frutas debido a su decoración, son más pequeñas, y también presentan como parte de la decoración el lema «Plus oultre».
A la Galería del Peinador se accede desde estas habitaciones, y fue construida también en el siglo XVI sobre el adarve, restaurándose en 1842 según la obra antigua.


Peinador de la Reina


El Peinador de la Reina, también llamado Tocador o Mirador, se construyó hacia el 1537 sobre laTorre de Abu l-Hayyay, y su nombre se debe a que fueron los aposentos de la Emperatriz Isabel, esposa de Carlos V. La cara sur posee un arco de medio punto que enlazaba con el Peinador, que fue anteriormente una linterna árabe, encontrando en las demás caras un corredor abierto al paisaje. A la derecha de la entrada, encontramos una especie de quemador, formado por una losa de mármol con agujeros por donde salía el perfume de esencias quemadas en una chimenea de la habitación de abajo, por lo que también se le llegó a llamar a esta torre «torre de la Estufa»
Torre del Peinador
Torre del Peinador
 Son de destacar las pinturas al fresco, realizadas probablemente entre 1539 y 1546, sobre todo (por su importancia histórica) las que representan la campaña de Carlos V a Túnez en 1535, en el que podemos ver desde la salida de la escuadra desde el puerto de Cagiliari, el viaje, el desarrollo de las operaciones militares, hasta la retirada de las tropas y su regreso a Sicilia. También podemos encontrar otras pinturas que representan, desde alegorías de las Virtudes hasta la fábula de Faetón.
La torre de Abu l-Hayyay, construida sobre el adarve y desde la que se domina todo elvalle del Darro, fue decorada por Yusuf I y terminada por Mohamed V. Formaba parte del palacio y era de carácter defensivo. Se llegaba a ella por el adarve cubierto que va bajo el Salón de los Embajadores. La muralla alcanzaba el alféizar de los balcones del Peinador, pero al ser destruida en 1831, se reconstruyó con menor altura y se descubrió una escalera secreta que atraviesa la parte baja de la torre y termina en un rellano del bosque que se encuentra a sus pies.
La entrada a la torre presenta un dintel de madera labrado, y encima dovelas de escayola y un rectángulo con estrellas en relieve. Por desgracia, las inscripciones que existína alrededor de la puerta no se conservan en su totalidad, pero al menos se sabe (por los fragmentos conservados) que son alabanzas a Dios y a Mohamed V lo que esconden entre sus curvas.


Patio de la Reja


Patio de la Reja
Patio de la Reja




 Se le conoce por este nombre debido a la reja existente en la pared sur a modo de balcón desde 1655. El patio debió construirse a la vez que lasHabitaciones de Carlos V. En el centro se encuentra una fuente de piedra y en las cuatro esquinas, cipreses centenarios.
A su derecha se encuentra la Sala de las Ninfas, debido su nombre a unas estatuas femeninas de mármol que se encuentran en el Palacio de Carlos V.



Baños


Baños

Fueron construidos al este del Palacio de Comares, siguiendo el modelo de las termas romanas. Así pues, la Sala de las Camas, primera estancia que nos encontramos al entrar en los baños, sería el «apoditerium», que se utilizaba para desvertirse antes del entrar al baño, y posee un espacio cuadrado en el centro, delimitado por columnas, en el que encontramos una fuente y galerías a su alrededor, así como un espacio abierto al piso superior, desde cuya galería se dice que el monarca se asomaba para ver a sus mujeres desnudas, y después lanzaba una manzana a aquella que había elegido para pasar la noche. A los lados encontramos camas destinadas al descanso posterior al baño, con alicatados de colores. Toda la decoración existente es de época cristiana, ya que debido al mal estado que han presentado los baños a lo largo de los siglos, han hecho que se restauren y reconstruyan varias veces.
En el piso superior podemos encontrar una salita con armadura de lazo de estilo mudéjar, y sus arcos poseen inscripciones y adornos de mitad del siglo XV.
El resto de salas es muy simple, sin adornos en las paredes, con pavimento de mármol, zócalos de azulejos muy sencillos, arcos de herradura sin decorar y bóvedas con lucernas en forma de estrella, que estuvieron cerradas con vidrios de colores, y que servían para iluminar la estancia.

Baños
Baños
La siguiente sala es el «frigidarium» o sala fría donde, al contrario que en las termas romanas, en los baños árabes se sustituye la piscina por una pila de agua fría. La sala central es el «tepidarium» o sala templada, que comunica con las otras salas mediante arcos escarzanos, y a continuación accedemos al «caldarium» o sala del vapor, que era la sala caliente del baño, en la que existió una caldera de cobre donde se calentaba el agua que se conducía por galerías subterráneas para calentar estas estancias. Aún podemos encontrar en un nicho de azulejos al fondo de la sala el caño por el que salía el agua caliente. Desde esta sala se hacía el recorrido contrario de nuevo hasta el «apoditerium», con lo cual se obtenía un baño con gradación de temperaturas muy agradable. De hecho, la distribución de estos baños de la Alhambra no es específica de ellos sino que era común en los baños árabes.





Jardines de Daraxa


Jardines de Daraxa
Jardines de Daraxa

Este jardín, llamado también de los Naranjos y de los Mármoles, se levantó entre 1526 y 1538, al tiempo que se construían las habitaciones de Carlos V, en los jardines que ya existían entre el alcázar y la muralla. El patio está delimitado, al sur, por el Mirador de Daraxa y la Sala de Dos Hermanas, al norte por las habitaciones de Carlos V y a este y oeste por las galerías construidas por el Emperador.

En el jardín podemos encontrar cipreses, acacias, naranjos y arbustos de boj, rodeando la gran fuente central de mármol, decorada en su borde con una poesía, al igual que la fuente del Patio de los Leones, y que se colocó en 1626 aprovechando la gran taza que se encontraba en el Patio del Cuarto Dorado.

Al sur del patio, se encuentran los sótanos de la sala de Dos Hermanas, que forman un conjunto de habitaciones alrededor de la Sala de los Secretos, llamada así ya que si dos personas se colocan cada una en una esquina de la habitación y una de ellas habla en voz baja en dirección a la esquina, la de la esquina contraria escuchará perfectamente lo que la primera dijo, debido a la acústica que proporciona su bóveda vaída.

La torre de Comares 

Es la mayor de las torres existentes en la Alhambra, con una altura de 45 metros imponiéndose como el grandioso salón del trono de la época nazarí. . Su nombre se debe a las vidrieras de colores de los balcones que iluminan la gran sala que ocupa el interior de la torre, denominadas «comarías». Entre los muros de la Sala de la barca y los de la sala inmediata hay un estrecho pasadizo con dos puertas. La de la izquierda da paso a las habitaciones superiores del torreón, (el dormitorio de invierno del sultán y la salida a la terraza de la torre). La de la derecha nos permitirá llegar a una habitación con un nicho al fondo, con arco de herradura apuntado, decorado de ataurique. Dicha estancia fue un pequeño oratorio, de utilizaba exclusivamente el emir. 
Torre de Comares
La torre tiene varias ventanas en sus cuatro fachadas, con gárgolas como las de la Torre de la Justicia y almenas a las que les añadieron remates piramidales en el siglo XVI. En el interior se encuentra el Salón de los EmbajadoresSe dice que en esta torre se celebró el Consejo en el que se acordó entregar Granada a los Reyes Católicos. Cuentan que desde uno de sus balcones, la madre de Boabdil, al saber que su hijo estaba negociando con los cristianos la rendición, le dijo: «Mira lo que entregas y acuérdate de que todos tus antepasados murieron reyes de Granada y el reino muere en tí». También dice la leyenda que fue aquí donde Cristóbal Colón convence a los Reyes Católicos de su expedición a las Indias por Occidente que le llevó al descubrimiento de América el 12 de Octubre de 1492, y donde la reina Isabel le ofrece a Colón sus joyas para financiar el viaje.

Peinador de la Reina



El Peinador de la Reina, también llamado Tocador o Mirador, se construyó hacia el 1537 sobre laTorre de Abu l-Hayyay, y su nombre se debe a que fueron los aposentos de la Emperatriz Isabel, esposa de Carlos V. La cara sur posee un arco de medio punto que enlazaba con el Peinador, que fue anteriormente una linterna árabe, encontrando en las demás caras un corredor abierto al paisaje. A la derecha de la entrada, encontramos una especie de quemador, formado por una losa de mármol con agujeros por donde salía el perfume de esencias quemadas en una chimenea de la habitación de abajo, por lo que también se le llegó a llamar a esta torre «torre de la Estufa». Son de destacar las pinturas al fresco, realizadas probablemente entre 1539 y 1546, sobre todo (por su importancia histórica) las que representan la campaña de Carlos V a Túnez en 1535, en el que podemos ver desde la salida de la escuadra desde el puerto de Cagiliari, el viaje, el desarrollo de las operaciones militares, hasta la retirada de las tropas y su regreso a Sicilia. También podemos encontrar otras pinturas que representan, desde alegorías de las Virtudes hasta la fábula de Faetón.
Peinador de la reina y patio de los arrayanes
La torre de Abu l-Hayyay, construida sobre el adarve y desde la que se domina todo elvalle del Darro, fue decorada por Yusuf I y terminada por Mohamed V. Formaba parte del palacio y era de carácter defensivo. Se llegaba a ella por el adarve cubierto que va bajo el Salón de los Embajadores. La muralla alcanzaba el alféizar de los balcones del Peinador, pero al ser destruida en 1831, se reconstruyó con menor altura y se descubrió una escalera secreta que atraviesa la parte baja de la torre y termina en un rellano del bosque que se encuentra a sus pies.
La entrada a la torre presenta un dintel de madera labrado, y encima dovelas de escayola y un rectángulo con estrellas en relieve. Por desgracia, las inscripciones que existína alrededor de la puerta no se conservan en su totalidad, pero al menos se sabe (por los fragmentos conservados) que son alabanzas a Dios y a Mohamed V lo que esconden entre sus curvas. 












El palacio de Dalahorra.

Dar al-Horra es un palacio nazarí situado en el barrio del Albaicín de Granada. Se construyó en el siglo XV sobre un palacio zirí.
Palacio de Dalahorra


Su nombre árabe viene a significar Casa de la Señora. En este palacio, habitó en su momento Aixa, reina y madre de Boabdil. En ella vivió posteriormente el Rey con Isabel de Solís (que fue previamente una esclava cristiana que cautivó al Rey) convirtiendola en su segunda esposa. Tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos fue cedida a Don Hernando de Zafra.  Más tarde quedó integrada en la clausura del monasterio de Santa Isabel la Real, hasta su adquisición por parte del Estado, ya avanzado el siglo XX.
 Está situado en lo alto de lo que fue la al-Qashba Cadima o Alcazaba Vieja, núcleo inicial de la Granada musulmana junto a los lienzos de la muralla de dicho barrio fortificado.
El patio muestra una pequeña alberca cuadrada en su centro. En el techo de la sala baja se conservan pinturas. La sala alta tiene como protagonista el mirador, que es además el elemento más reconocible desde el exterior. Su techo está constituido por una armadura de par y nudillo. A lo largo de la historia sufrió varias modificaciones, siendo la más destacable la sustitución de una de sus crujias por una pequeña nave mudéjar, construida como iglesia provisional del monasterio. No obstante, gran parte del palacio y de sus decoraciones originales han llegado a nosotros en buen estado de conservación.

Torre de la Rauda



Esta torre se encuentra detrás del Palacio de los Leones con el que se comunica a través de una puerta. Se pensó durante mucho tiempo que éste era el lugar de enterramiento de los reyes granadinos. Sin embargo, dicho cementerio fue encontrado fuera del palacio, más al sur, por lo que la Rauda debió ser su entrada principal o la del palacio primitivo.
La torre tomó el nombre de los jardines ("rawda") que rodeaban el edificio del cementerio real, situado detrás del Patio de los Leones del que lo separaba un foso.
Los primeros restos de esta torre, que data de la misma época que la Torre de las Armas, fueron descubiertos en 1887, cuando se derribó la construcción aneja al palacio del Harén. Posteriormente, fue estudiada entre los años 1925 y 1926. De ella sólo queda la parte baja de sus muros, con trozos de azulejos.





Jardines del Partal
Jardines del partal


Estos jardines se extienden desde la salida de la Rauda hasta la explanada en la que se encuentra la Torre de las Damas. En este mismo lugar se encontraban los jardines que rodeaban los palacios reales, distribuidos también de forma escalonada y que, posteriormente, ocuparon las habitaciones del Emperador Carlos V.
Durante la época árabe albergó numerosos edificios de magnates que vivían en torno al Palacio Real, de los que destaca por su importancia la Torre de las Damas.

Torre de las Damas

De los antiguos palacios que existían en esta zona, solo ha llegado a nosotros, parcialmente, el Palacio del Pórtico, del que se conserva la Torre de las Damas. Probablemente de tiempos de Muhammad III, nos encontramos ante la edificación palaciega más antigua de las conservadas en la Alhambra, lo que hace suponer que los primeros reyes nazaríes establecieron su residencia en esta zona. Este palacio se alza sobre la muralla, y está compuesto por una sala cuadrada, dentro de la Torre de las Damas, un pórtico de cinco arcos ante un gran estanque y un pequeño mirador sobre el edificio.
A la izquierda de este edificio podemos ver tres pequeñas casitas árabes, de construcción posterior a la del palacio, y que conservan en su interior pinturas árabes de gran valor; no son visitables. A la derecha del estanque encontramos la Torre del Mihrab, que conserva en su interior un pequeño oratorio decorado en tiempos de Yusuf I. La ruta se detiene en la Torre de las Damas, ya dentro de El Partal, desde cuyo observatorio -que no mirador- el rey Muhammad III disfrutó de su afición por los astros hasta quedarse ciego al final de sus días.

Subiendo por los jardines podemos encontrar, hacia la derecha, una torre o Qubba, llamada la Torre de la Rauda, que comunica con el Palacio de los Leones, y que tiene en su interior una interesante bóveda. Junto a ella podemos encontrar los restos delCementerio Real o Rauda, de la que toma su nombre la torre.
torre de las damas y jardines del partal


Volviendo a los jardines, podemos ver los restos de varios palacios, pues en esta zona habitaba la nobleza musulmana. El más importante de ellos fue el Palacio de Yusuf III o de los Condes de Tendilla, de planta similar a la del Palacio de Comares. Tristemente demolido en el Siglo XVIII, de él se dice que era uno de los más suntuosos de la Alhambra. Desde aquí la visita continúa por el Paseo de las Torres.






Torre del Mihrab
Ventanas de Torre del Mihrab
Ventanas de la torre del Mihrab


Esta torre se levanta a la derecha de la Torre de las Damas. En su interior se encuentra un oratorio, dispuesto para las personas que habitaban el palacio inmediado. En 1932 fue devuelta a su aspecto primitivo tras una restauración desafortunada del siglo XIX.
La fachada, que posee arco de herradura en su centro, aún conserva restos de las yeserías decorativas. La estancia interior se encuentra dividida en dos partes desiguales por un arco semicircular. El mihrab, con techo de maderas ensambladas, es muy semejante a los de las mezquitas norteafricanas. En su arco de herradura cubierto de mocárabes puede leerse la siguiente inscripción: "Ven a orar y no seas de los negligentes".



Torre de los Picos

Torre de los Picos
Torre de los Picos





Esta torre de tres pisos es conocida con este nombre por sus almenas terminadas con pirámides de ladrillo. Realizada a fines del s. XIII o comienzos del XIV, sorprende por su arquitectura gótica, sin que se conozca claramente a qué es debido este hecho.


Servía para defender una entrada de la fortaleza que comunicaba con el Generalife. Un pasadizo, que termina en laPuerta del Arrabal, conduce a los cuarteles y baluarte que formaban la defensa de dicha fortaleza. Tenemos por último la Puerta de Hierro, que fue reconstruida junto con el baluarte por losReyes Católicos.


Torre del Cadí
Torre del Cadí
Torre del cadí

Podemos llegar a esta torre, anteriormente llamada del Preso (s. XVI) y del paso de la Zorra (s. XVII y XVIII), subiendo el camino de ronda de la muralla.
Esta torre, restaurada en 1924, está frente al callejón que lleva a la entrada primitiva del Generalife.




Torre de la Cautiva
Torre de la Cautiva
Torre de la Cautiva 

Torre situada en el camino de ronda de la muralla, fue conocida en el siglo XVI como de Torre de la Ladrona y de la Sultana. Se cambió su nombre por el de la Cautiva porque se pensaba que en ella vivió Doña Isabel de Solís, convertida al Islam con el nombre de Zoraya, favorita del rey Muley Hacén.

Interior de la Torre de la Cautiva
Interior de la torre de la Cautiva
 Se accede a la planta baja por un pasadizo que nos lleva a un patio con galerías abiertas por arcos peraltados festoneados en tres de sus lados, con impostas de mocárabes. Este patio comunica con una sala cuadrada a través de un arco doble de mocárabes, la cual presenta un artesonado del siglo XIX y unos camarines con balcones al exterior. Las inscripciones de sus paredes nos revelan su importancia defensiva dentro del conjunto, y su carácter de torre-palacio de gran belleza. 



Torre de las Infantas


Interior de la torre
interior de la torre
 En este pequeño palacio encontramos una referencia para conocer cómo eran las viviendas aristocráticas árabes. En el siglo XVI se llamaba a esta torre de Ruiz y Quintarnaya, por ser éste el nombre de su habitante. A partir del siglo XVII debe su nombre a la leyenda de Washington Irving sobre las princesas Zaida, Zoraida y Zorahaida.

Torre-palacio situada en la muralla este, entre la Torre de la Cautiva y la Torre del Cabo de la Carrera, es una construcción de dos plantas atravesada por el foso y el adarve, y a la que se accede a través de un pasadizo que presenta una bóveda de mocárabes, pintada imitando ladrillos, única en la Alhambra.

Torre de las Infantas
Torre de las Infantas
 Este pasadizo conduce a una sala central rectangular, que posee cenadores en los lados menores, y sobre ella se encuentra una linterna cubierta de mocárabes. Alrededor de esta sala central, se abren ventanas al exterior situadas en tres salas laterales, estrechas y rectangulares. De estas tres, la que corre paralela a la muralla es mayor que las otras dos, y presenta dos arcos festoneados que permiten el paso hacia unas alcobas.
La decoración que cubre esta torre es la más moderna de la Alhambra, y demuestra el decaimiento del arte nazarí, con motivos «pobres y repetidos», según Torres Balbás.




Torre del Cabo de la Carrera


Torre del Cabo de la Carrera
Torre del Cabo de la Carrera

Llamada así por ser el límite de la calle Mayor de la Alhambra, sólo nos quedan sus restos, ya que fue destruida por las tropas de Napoleón en 1812 cuando abandonaban Granada.
Situada entre las torres de las Infantas y del Agua, habría sido construida o restaurada en 1502 por los Reyes Católicos, según una inscripción existente y que no se conserva.


Torre del Agua


Torre del Agua
Torre del Agua

Se conoce con este nombre por estar junto al acueducto que conduce el agua del Generalife a la Alhambra.
De la torre original, de grandes dimensiones y tres pisos sin decoración, sólo quedan restos, pues al igual que la Torre del Cabo de la Carrera fue volada en 1812.
El resto de la Alhambra no corrió la misma suerte gracias a José García, cabo de inválidos que cortó las mechas encendidas entre la Torre de la Carrera y la de las Infantas.




Torre de los 7 Suelos


Torre de los 7 Suelos
Torre de los 7 Suelos
La Torre de los Siete Suelos, situada en la cara sur de la fortaleza, fue la entrada más importante a la Alhambra. Los musulmanes la denominaban Bib «al-Gudur» o Puerta de los Pozos, debido a las mazmorras que existían en los campos situados frente a la torre usados para confinar presos.
La tradición dice que ésta fue la puerta por la que Boabdil salió y entregó la Alhambra a los Reyes Católicos, pidiéndoles que nadie volviese a entrar por esa puerta, cerrándola para siempre.
Su nombre actual proviene de la creencia que afirma la existencia de siete pisos subterráneos bajo el baluarte que la defiende, aunque sólo se conocen dos. Estos poseen bóvedas cilíndricas con claraboyas y troneras de artillería en sus muros.
La construcción de la torre es posterior a la puerta, la cual posee encima del dintel la tan nombrada frase: «sólo Dios es vencedor», al igual que la Puerta de la Justicia, por lo que se cree que ambas puertas deben ser de la misma época.


Alhambra Alta


Ruinas del Palacio de los Abencerrajes
Ruinas del Palacio de los Abencerrajes
Entre la Torre de las Infantas, laCautiva y la Torre de Siete Suelos se sitúa el llamado Secano de la Alhambra, en el que existen múltiples ruinas de edificios árabes y cristianos, y así llamado porque en el siglo XVI se destruyeron las conducciones de agua que llevaban el agua a los regadíos que encontraban en esta zona. Se denomina Alhambra Alta a la zona sur-oriental del conjunto, constituida por el secano junto con el espacio que se extiende entre él y los Jardines del Partal y la Puerta del Vino(parte está ocupado actualmente por el Palacio de Carlos V).
La Alhambra Alta o población de la Alhambra («Madinat al Hamra») estaba más elevada que los alcázares, de los que la separaba un foso (se conserva un trozo entre la Rauda y el Patio de los Leones).
Durante la época árabe se formó aquí una pequeña ciudad, en la que residían los principales personajes de la Corte y se situaban los centros administrativos y religiosos, así como numerosos palacios y jardines. Tras la conquista de Granada sus habitantes tuvieron que abandonarla y trasladarse a la ciudad baja y estos edificios fueron destruidos o rehechos, de ahí que se conserve poco de ellos, destacando el ex-Convento de San Francisco (que fue palacio árabe hasta que se convirtió en convento debido a una promesa de los Reyes Católicos a San Francisco de Asís), y el Palacio de Tendilla.


Alcazaba de la Alhambra
Vista exterior de la Alcazaba
Vista exterior de la Alcazaba

La Alcazaba es, junto con Torres Bermejas, la parte más antigua de la Alhambra. Se piensa que antes de su construcción y la llegada de los musulmanes a Granada existieron diversas edificaciones en la misma zona. La primera noticia que tenemos de la existencia de la Alcazaba granadina data del siglo IX, en el que se supone que fue construida por Sawwar ben Hamdun durante la lucha entre árabes y muladíes.
El conjunto actual se lo debemos a Mohamed I, quien amuralló el anterior castillo, levantó defensas, tres nuevas torres (la Quebrada, la del Homenaje y la de la Vela), con lo que convirtió a la Alcazaba en una auténtica fortaleza, donde el monarca establecería la residencia real, función que conservó en el reinado de su hijo Mohamed II hasta que los palacios fueron terminados. A partir de entonces quedó como fortaleza de índole puramente militar.
Posteriormente, con la llegada de los cristianos, se realizaron grandes reparaciones en la Alcazaba. En diferentes épocas, durante largos periodos de tiempo, se convirtió en prisión del Estado, incluso durante la ocupación francesa.
Al igual que la Alhambra, la Alcazaba estuvo abandonada y descuidada completamente durante mucho tiempo, pero a diferencia de aquella, no fue hasta finales del siglo XIX y comienzos del XX cuando se comenzaron los trabajos de restauración, exploración y saneamiento.


Plaza de Armas


Plaza de Armas
Plaza de Armas
La Plaza de Armas constituía la entrada original a la Alcazaba. Estaba compuesta por un conjunto de construcciones en las que se realizaban distintos servicios a los habitantes de la fortaleza. A la derecha existe un gran aljibe de dos naves, que debía ser cisterna de agua de lluvia, pero que a partir del siglo XVII empezó a recibir agua de la acequia de la Alhambra. Cerca del aljibe, a la izquierda de la puerta de la Alcazaba, hay un baño.

En el centro de la plaza y parte del muro encontramos los cimientos de varias casas árabes, donde vivía la población civil encargada de cubrir las necesidades de los dignatarios y militares que allí se encontraban. También podemos encontrar, como no, una gran mazmorra casi al pie de la Torre Quebrada.






Torre de las Armas
Torre de las Armas
Torre de las Armas

Esta torre, que ya era llamada así por los árabes, se situa en la muralla norte, formando ángulo con la muralla inferior de la Alcazaba, y por ella se comunicaba la Alhambra con la ciudad a través del barrio de la Almanzora.
La entrada a la torre, más antigua que la Torre de la Justicia a tenor de sus características, presenta un arco de herradura apuntado de ladrillo e impostas de piedra, guarnecido de festón con piezas vidriadas en blanco negro y verde. Existen dos arcos más del mismo tipo, el último de los cuales comunica con una nave dividiva por arcos cuyas paredes presentan nuevos arcos que albergan asientos para la guardia. Otros dos arcos comunican con el adarve inferior de la Alcazaba y con la salida de la torre, que presenta dos nuevos arcos de herradura apuntados de ladrillo.


Jardines de los Adarves

Dale limosna, mujer,<br>Que no hay en la vida nada<br>Como la pena de ser,<br>Ciego en Granada
Dale limosna, mujer,
Que no hay en la vida nada,
Como la pena de se,
Ciego en Granada

 Los Jardines de los Adarves se encuentran a la entrada de la Alcazaba. Se denominan así por estar situados en el adarve bajo de la fortaleza y es uno de los lugares desde los que se puede admirar uno de los más bellos paisajes de la ciudad. No en vano, en el extremo occidental del jardín, hay un mirador de donde arranca la muralla que se une a las Torres Bermejas, muralla en la que se han colocado los famosos versos del poeta Francisco A. de Icaza que dicen:






Y finalmente llegamos en nuestro viaje al Generalife.

El Generalife

Ocupa las pendientes del Cerro del Sol, desde el que se abarcan toda la ciudad y los valles delGenil y del Darro. Del significado de su nombre existen distintas interpretaciones: Jardín del Intendente, del Arquitecto (alarife), Huerta del Zambrero, etc. El Generalife se convirtió en lugar de recreo para los reyes granadinos cuando éstos querían huir de la vida oficial del palacio.
Patio de los Cipreses
Patio de los Cipreses
Se construyó a mediados del s. XIII, y según reza una inscripción de 1319, el rey Abu I-Walid Isma'il(1313-1324) lo redecoró, lo que lo hace anterior a la construcción de Palacio de Comares, A pesar de su proximidad a la Alhambra y de su estrecha relación entre ambos conjuntos, se consideraba fuera de la ciudad, incluso estalló una rebelión en la Alhambra contra Mohamed V mientras éste se encontraba en el Generalife.
En la actualidad, el Generalife está formado por dos conjuntos de edificaciones, conectados por el Patio de la Acequia.
Sin embargo, es difícil saber el aspecto original del Generalife, ya que ha ido sufriendo modificaciones y reconstrucciones durante toda la etapa cristiana, en un principio necesarias debido al estado de deterioro y abandono en que se encontraba en la última etapa musulmana, pero que posteriormente perturbaron su disposición y desfiguraron muchos de sus aspectos.
En la construcción del Generalife no podemos encontrar ningún tipo de exceso decorativo, ni grandes actuaciones arquitectónicas. Al contrario que en la Alhambra, toda la edificación del Generalife, aunque sólida, es en general muy pobre y muy simple, lo que señala el aire de intimidad y de sosiego que buscaban los monarcas al retirarse a descansar entre sus jardines. Únicamente encontramos motivos decorativos de escayola poco variados, pero de extremada fineza y buen gusto.


Patio de la Acequia


Patio de la Acequia
Patio de la Acequia
El Patio de la Acequia (48,70 metros por 12,80) es la parte más importante del Generalife, si bien, su aspecto ha cambiado desde los tiempos árabes, tanto en sus construcciones como en los ajardinamientos. Presenta un canal que divide el patio longitudinalmente, que conduce las aguas de la acequia de la Alhambra, y que está rodeado de un conjunto de pequeños surtidores, y que termina en sus extremos en dos tazas de piedra. El resto del patio está ocupado por distintas especies vegetales que han ido variando según los gustos de la época. En la actualidad encontramos setos de arrayán, naranjos, cipreses y rosales.
El otro lado del patio lo forma un grueso muro con dieciocho arcos ojivados, abiertos hacia 1670, fecha en la que se realizó una reforma que transformó la dependencia en capilla cristiana, manteniendo oculta su ornamentación y tapiados sus huecos hasta 1922. En la actualidad, estos arcos dan paso a una galería que mira a los jardines bajos. A través del arco central se accede a un mirador con tres arquillos a cada lado, decorados al igual que el resto de la sala. Un pequeño arco en el extremo derecho lleva a una escalera que conduce con los subterráneos y los jardines bajos. En el muro del patio que se encuentra enfrente, se abre otro arco similar que conduce a los jardines altos.
El patio se encuentra cerrado al norte y al sur por dos pabellones, siendo el pabellón sur el inmediato a la entrada principal del patio. Era el más importante, pero ahora su fachada está deshecha y sólo conserva, en mal estado, cinco arcos sobre pilares de ladrillo y dos columnas con capiteles cúbicos descuidadamente labrados. El piso alto de este pabellón está compuesto por una sala con alcobas en los extremos y un mirador que da al Patio de la Acequia, que fue terraza hasta 1926.

Patio de la Acequia
Patio de la Acequia
El pabellón norte era más bajo al estar compuesto sólo por el pórtico que conducía a una sala y una torre al fondo, pero en 1494 se le agregaron dos pisos y otras construcciones. El pórtico anterior, de cinco arcos, da paso a una sala a través de tres arcos repletos de decoración sobre columnas con capiteles de mocárabes. Posee alcobas en sus extremos y en el muro frontal se abren tres arcos, de los cuales el central permite acceder a una torre mirador, probablemente de 1319, desde el que se pueden contemplar los jardines y valle del Darro, y cuya sala está cubierta por un aljarafe de lacería.
En la época cristiana, se añadieron 2 aposentos a ambos lados, donde se exponían colecciones de retratos reales y de la familia Granada, que en la actualidad se encuentran en la Casa de los Tiros y en Italia, respectivamente. Estos aposentos fueron derribados en 1926, devolviendo el aspecto original al edificio.
A la izquierda se sube a las dependencias antes referidas y a la derecha se encuentra el Patio de los Cipreses.


Patio de los Cipreses


Uno de los leones de la escalinata
Uno de los leones de la escalinata
 Este patio tiene un estanque central rodeado por setos de arrayán y en el centro del estanque existe otro pequeño estanque con una fuente de piedra. El patio recibe su nombre de los viejos cipreses que encontramos en los cenadores, el más famoso de los cuales es el Ciprés de la Sultana en el que, según la leyenda, se veían la esposa de Boadbil y un caballero abencerraje, lo que desencadenó finalmente la muerte de los señores de esta noble tribu, que fueron degollados.
Escalera del Agua
Escalera del Agua
A través de una escalinata de piedra del siglo XIX con pórtico y dos leones de cerámica vidriada granadina, se llega a la parte alta de los jardines, que se extienden desde el cerro del Sol hasta el camino del Rey Chico, jardines colgantes que van desde simples huertas hasta macizos de arrayán, bojes recortados o cipreses centenarios.
Cabe destacar una de las escalinatas de las que encontramos a lo largo de los jardines por su belleza y originalidad, y que supuestamente es la más antigua del jardín (ya existía en tiempos de los árabes). Está dividida en tres tramos, en cada uno de los cuales se encuentra una fuente con surtidor, flanquedada por canales que conforman las barandillas y por donde bajan ruidosamente las aguas. La escalinata se encuentra rodeada por laureles, que unen sus copas formando una bóveda por la que se filtran los rayos del sol, configurando una estampa de una belleza indescriptible.

Patio de los Cipreses
Patio de los cipreses

En los terrenos que van desde el valle del Darro al del Genil se alzaban dos regios palacios de recreo, el de Dar al-Arusa y el de los Alixares, que el abandono y el paso del tiempo terminaron por destruir, hasta que recientes excavaciones señalaron su situación, poniendo de relieve su riqueza, la magnitud de las ruinas descubiertas y los elementos decorativos encontrados.





Y como broche final de este tributo aquí os dejo una de las tantas leyendas que escribió el inigualable Washington Irving mientras pudo disfrutrar de la vida entre aquellos muros, al menos durante un tiempo...
Espero que os haya gustado y sirva para acercar a todo aquel que ha visitado nuestra Alhambra, para aquel que siempre ha querido ir pero no se ha decidido, para quien estando entre aquellos muros aún siente la "mágia" que en ellos se respira, y para todos, amigos o no del blog, espero que os guste...

Leyenda del príncipe Ahmed al Kamel o el peregrino de amor 

Un sultán de Granada tuvo un solo hijo al que puso por nombre Ahmed. Con el tiempo, los cortesanos le añadieron el sobrenombre de al-Kamel, que quiere decir el Perfecto y es que, desde niño, el príncipe mostró una inteligencia preclara. Los astrólogos confirmaron esta impresión, vaticinando que, en efecto, sería un hombre perfecto y un soberano próspero. Sólo vería enturbiado su futuro por los grandes peligros del amor, a los que se sometería y por los que no dudaría en poner en peligro su vida. Si se le pudiera poner a salvo de este sentimiento, su existencia sería de una felicidad ininterrumpida. El rey decidió hacer caso a los consejos astrológicos y mandó levantar un hermoso palacio en la cumbre de una colina, cerca de la Alhambra, donde recluyó a Ahmed, lejos de cualquier mujer y al cuidado de un sabio filósofo, Eben Bonabben, con la orden expresa de que, bajo ningún concepto, se le hablase al príncipe del amor. 
El sabio filósofo dijo que así lo haría y el príncipe se crió bajo su atenta mirada, rodeado de jardines y de cuantos lujos pudiese desear. A su servicio sólo había hombres, todos mudos, con el fin de que nada pudieran contarle del sentimiento amoroso.
Eben Bonabben pronto notó que a Ahmed la filosofía no le interesaba en absoluto. Atendía a las clases lo mejor que podía, pero sus bostezos ponían bien de manifiesto que las duras disciplinas, filosóficas o algebraicas, no estaban entre sus prioridades. Su maestro le enseñó algo de música para que se entretuviera, y advirtió que, pese a sus desvelos, el príncipe se daba a vagar por los jardines con aire melancólico, tocando el laúd, acariciando las flores entre suspiros. Bien se dio cuenta el anciano que, sin saberlo, su pupilo se hallaba al borde de la ciencia prohibida.
Pensando en qué podía ofrecerle al príncipe para despertar su interés, se acordó que, en Egipto, había aprendido el lenguaje de los pájaros. Se lo enseñó un rabino que, a su vez, lo había aprendido de Salomón al que se lo transmitió la reina de Saba. Ahmed se mostró encantado con poder conocer esta ciencia, pues así no estaría tan solo. Los jardines estaban poblados de aves con las que podría comunicarse.
Su primer amigo fue un halcón, que vivía entre las grietas de las torres del Generalife. Con sus grandes ojos y su elegante prestancia, el ave y el príncipe conversaban sobre filosofía, astronomía o metafísica, con lo que Ahmed se aburría casi tanto como con Eben Bonabben.
Después estableció contacto con un murciélago, que permanecía todo el día colgado de la bóveda, pero su talante era depresivo y su comentarios tan sombríos que Ahmed renunció a su compañía.
También una golondrina, pizpireta y juguetona, se contó entre las amistades del príncipe. Al principio su charloteó divirtió al príncipe, pero sus temas eran superficiales, sin sustancia seria y pronto se cansó de hablar de nada.
Ahmed volvió a sentirse solo en su palacio. Pero pasó el invierno y llegó la exultante primavera, la estación en la que las aves que emigran vuelven a sus lugares de anidamiento y establecen tiernos cortejos con los que serán sus compañeros y compañeras. Cantaban alegres hablándose de amor, ante la sorpresa del príncipe que se preguntaba qué sería eso del amor. Decidió consultar al halcón que parecía tan sabio, pero el ave le dijo que él nada sabía de ello, pues era un ave de presa, hecho para la caza y la lucha, en la que no cabía el absurdo sentimiento del amor. Preguntó a un búho, pero se dedicaba a la filosofía y lo consideraba un sentimiento inútil y pernicioso.
Harto de dudas, interrogó a Ebe Bonabben, recriminándole que entre las muchas materias que le había enseñado, no se encontraba ninguna que se llamase "amor". El filósofo comprendió que tanta soledad y tantos cuidados no habían servido de nada. El amor irrumpía en la vida de su alumno sin que se pudiera evitar...
Los aromas de la primavera, el melodioso canto de los pájaros... todo hablaba de amor mientras el joven Ahmed se volvía cada vez más melancólico y ausente. Una mañana, mientras contemplaba los exuberantes jardines apoyado en una ventana, llegó a hasta él una paloma jadeante perseguida por un halcón. Penetró en la estancia y cayó rendida sobre el pavimento. El príncipe, compadecido, la cogió, y la arrimó a su pecho. Fue a por comida y le puso trigo y agua fresca para que se repusiera de la penosa aventura. Pero, ante su sorpresa, el ave no quiso ni comer ni beber. El príncipe le preguntó el porqué de su actitud. Estaba a salvo del halcón y, además, tenía todo cuanto podía desear. La paloma entristecida, le comentó que le faltaba algo primordial, su compañero, al que tal vez no volviera a ver y al que tanto amaba. Y Ahmed le preguntó si sabía ella qué era eso del amor.
Y la paloma se explayó. El amor era el tormento de uno, felicidad de dos y la enemistad de tres. ¡Qué hermosa descripción! Es un encanto que une a dos seres, que los hace felices cuando están juntos y desgraciados cuando se separan. Es el misterio y el principio de la vida, el sueño apasionado de la juventud y el sereno deleite de la madurez. Todos los seres vivos tienen a su compañero, desde el más humilde de los escarabajos hasta los seres superiores... todos buscan con quien compartir su vida y su esperanza, sus alegrías y tristezas... y le chocaba muchísimo que, el príncipe a su edad, no hubiese conocido a alguna damisela que encandilara su corazón.
Ahmed empezó a comprender. Soltó a la paloma para que se reuniese con su amado, pues bien entendía que el amor era el más fuerte de los deseos y él no tenía derecho a privar al ave, inocente y enamorada, de aquellos deleites que le había descrito.
La amargura se apoderó de su corazón y el príncipe, iracundo, le reprochó al sabio Bonabben que no le hubiera enseñado nada sobre el más noble de los sentimientos, sobre ese desvarío y deleite que es el amor. El filósofo comprendió que nada podía hacer. Entonces le habló de los vaticinios de su nacimiento, de cómo su padre le había querido ahorrar cualquier tipo de sufrimiento y, también, de cómo su vida estaba en sus manos, pues si trascendía a la corte que el amor había entrado en su vida, era más que probable que el rey le mandase ejecutar.
El príncipe escuchó con atención y prometió ser discreto, pues quería mucho a su preceptor, no en vano, su vida había transcurrido junto a él. Pero sus buenos propósitos iban a verse turbados por la llegada de la paloma amiga que, en pago, a la libertad recuperada, traía buenas nuevas para Ahmed.
Llegó hasta la ventana de los aposentos del príncipe y le contó que venía de un lugar lejano, de una hermosa pradera, cerca de un castillo, donde se encontró a unas jóvenes que bailaban alegremente, coronadas con guirnaldas de flores, y que, de entre todas ellas, destacaba una por su belleza e inocencia. Al verla, la paloma estuvo segura que sería la compañera ideal para el príncipe y, con tal fin, venía a comunicárselo. No necesitó más la imaginación deAhmed para inflamarse y sin pensárselo dos veces, escribió una carta, tan tierna como apasionada, a esa joven, hablándole de su triste esclavitud y de cuánto desearía salir a su encuentro para besarle los pies. La carta, perfumada con almizcle, iba dirigida "A la desconocida beldad del cautivo príncipeAhmed", y fue confiada a la paloma para que la hiciera llegar a su destino.
Día tras día, con la impaciencia lógica del enamorado, esperaba el regreso de la paloma con alguna noticia. Y cuando ya había perdido toda esperanza, un atardecer vio cómo llegaba su amiga. Desgraciadamente el ave venía herida de muerte.


Algún cazador desaprensivo la había atravesado con una flecha, con lo que la mensajera del amor, cayó muerta nada más penetrar a través de la ventana, cayendo a los pies de Ahmed. Abrumado por la pena, la recogió con ternura y entonces vio que, en torno a su cuello, llevaba un fino hilo de perlas del que pendía un pequeño retrato esmaltado. ¡Qué hermosa dama! ¡Qué hermosas facciones... qué mirada tan transparente y diáfana! Pero, ¿quién era y dónde vivía... cómo poder encontrarla? La muerte de la paloma lo sumía todo en el misterio.
Cuanto más miraba la imagen más y más se enamoraba y más se desesperaba al no saber nada concreto de la amada. Así que tomó la determinación heroica de huir de su encierro. No era fácil hacerlo pues, día y noche, el palacio estaba custodiado y si al final lo conseguía no sabía a dónde dirigirse.Entonces se acordó del búho amigo. Como ave nocturna sabría aconsejarle qué camino o vereda podría tomar en su huida y tal pudiera aconsejarle en otras materias de utilidad para sus fines.
En un principio el búho no quiso saber nada del asunto, pero el príncipe supo halagarle ofreciéndole un puesto importante en la corte cuando fuese rey y el ave, a pesar de su austeridad y de dedicarse a la filosofía, se sintió tentado por la ambición. Tenía muchos amigos y parientes que residían en las más altas almenas de los castillos y palacios de toda España y tal vez pudieran ayudarles. En principio decidieron trasladarse a Sevilla, donde vivía un cuervo, compañero a su vez de un mago llegado de Egipto. Sabía que el mago había muerto, pero el cuervo seguía habitando en una torre del arruinado Alcázar, gabinete antaño del mago. Tomada la decisión, Ahmed se deslizó una noche, por medio de unas sábanas, desde su torre hasta el suelo, y en el mayor de los sigilos, emprendieron el viaje.
Por fin, un día, al amanecer, entraron en la populosa ciudad, que era un hervidero de gentes. El búho se quedó en las afueras porque aquel tumulto le fatigaba en extremo y la luz del día dañaba a sus enormes ojos. El príncipe se encaminó hacia la torre y después de una penosa ascensión, llegó hasta el lugar donde se encontraba el cuervo que era ya viejísimo. Le expuso sus pretensiones y el ave serio, diciéndole que no era adivino y además, estaba destinado a anunciar muertes y desgracias, no a buscar amadas y a poner en contacto a los enamorados. Pero cuando el príncipe le habló de los vaticinios astrológicos de su nacimiento, el cuervo tomó interés en el asunto. Le recomendó que lo mejor que podía hacer, puesto que él no conocía a la princesa en cuestión, era dirigirse hacia Córdoba, pues tenía constancia que, bajo la palmera del gran Abderramán, que se alzaba en el patio de la hermosa mezquita, encontraría a un viajero que había recorrido las cortes de todo el mundo conocido y había sido el favorito de princesas y reinas. Posiblemente, él podría darle una información fidedigna. Agradecido, Ahmed se despidió del cuervo, y se encaminó hacia Córdoba, en compañía del búho fiel.
Llegado a la ciudad, se dirigió al lugar que le indicó el cuervo y contempló cómo una multitud de personas estaban a los pies de la palmera señalada escuchando las palabras de alguien. Dio por sentado que era el viajero que buscaba y quedó atónito al ver se que trataba de un loro. Pronto le informaron de que este loro era descendiente del famoso loro de Persia, y que en las cortes extranjeras gozaba de gran predicamento. Sabía pensar, hablar y recitar hermosas poesías con las que encandilaba a las damas de la nobleza.
Ahmed solicitó una entrevista privada con el loro. Cuando le expuso el motivo de su viaje y de su consulta, también el ave se echó a reír. Era un desengañado del amor, ¡había visto tantas cosas por esos mundos que le resultaba difícil creer en la pureza de este sentimiento! No obstante, examinó el retrato que le mostró el príncipe, anticipándole que conocía a infinidad de mujeres bonitas, tantas que no le era fácil distinguir un rostro de otro. Pero, sí, ¡la conocía! ¿Cómo olvidar a la princesa Aldegunda, la más hermosa y sencilla de las princesas cristianas?
El príncipe, saltando de gozo, le preguntó dónde podía encontrarla. El asunto se presentaba muy complicado. Primero porque era hija de un rey cristiano y Ahmed era musulmán, y segundo, porque nadie podía verla. Por unos extraños vaticinios astrológicos, debía permanecer oculta a los ojos de los mortales hasta que cumpliese los diecisiete años. El loro había podido verla porque fue contratado para entretenerla en sus soledades y en verdad podía decir que se trataba de una mujer deliciosa. Parecía que el destino hubiera querido unir a dos seres cuyos condicionamientos vitales se debían al poder de la astrología y a unos vaticinios comunes.
Después de prometerle al loro que si le ayudaba le otorgaría cuanto pudiera desear de por vida, cedió el ave y se fueron a buscar al búho para proseguir viaje hacia donde se hallaba la hermosa Aldegunda. Las dos aves se llevaban fatal. El loro se perdía por cantar canciones, contar chascarrillos y otras frivolidades, mientras que el búho sólo hablaba de filosofía y metafísica. Por si esto fuera poco, el loro estaba acostumbrado a una vida relajada y aristocrática, y no quería madrugar, lo que no le importaba al búho, aunque como ave nocturna, después de comer se echaba unas largas siestas hasta que anochecía. El príncipe estaba desesperado ante la dilación del viaje, pero prendido en sus ensoñaciones, iban haciendo camino.
Dejaron atrás los pasos de Sierra Morena y se internaron en las llanuras de La Mancha y Castilla. Siguieron bordeando el Tajo hasta avistar una ciudad hermosa y linajuda: la imperial Toledo. El viaje tocaba a su fin. Allí, en Toledo, se encontraba el palacio de la sin par Aldegunda, cerca del río, rodeado de jardines y cerrado por altos muros, al tiempo que guardias armados lo custodiaban. El corazón de Ahmed latía con fuerza al hallarse tan cerca de su amada, pero, ¿cómo entrar en contacto con ella? Por suerte, el loro podía volar y hablar, de manera que fue designado embajador ante la princesa, para que le contase que a las mismas puertas de su casa, había llegado el peregrino del amor.
Voló el loro hasta la ventana de los aposentos de Aldegunda, que tumbada sobre un diván, leía y releía un papel, mientras las lágrimas recorrían su rostroangelical velado por la nostalgia y la tristeza. Cuando le habló el loro, le miró con sorpresa, que resultó mayúscula al saber que su príncipe estaba al otro lado de los muros del palacio. Pero no todo era tan sencillo. Al día siguiente cumplía diecisiete años y su padre, el rey, había organizado un gran torneo entre los mejores caballeros del reino. Aquel que venciera en justa lid, ganaría la mano de Aldegunda. Si Ahmed la quería, debía estar presto a demostrar su valentía en el torneo.
Allá que fue el loro a comunicarle las nuevas al príncipe que se desesperó al conocerlas. Muchas cosas le había enseñado su preceptor, pero no el manejo de las armas. No podría competir con aquellos caballeros tan duchos en esta materia, y perdería a su amor para siempre. ¡Después de todo lo que había pasado por ella!
Pero el búho, con su vieja sabiduría, conocía una cueva legendaria, situada en los montes de Toledo, en la que se guardaba una armadura mágica y un corcel encantado que sólo podían ser usados por un musulmán. En un viaje de juventud, junto a su padre, el búho pernoctó en dicha cueva, y podía asegurarle que allí contempló las armas y el caballo, esperando que alguien los sacase de su encantamiento. Corrieron hacia aquel lugar, entraron en la cueva, y así Ahmed pudo pertrecharse de cuanto necesitaba para el torneo. La armadura brillaba como si estuviese recién hecha y el corcel, en cuanto el príncipe lo tocó, se puso a relinchar alegremente.

La mañana amaneció soleada. El campo para el combate estaba preparado en la vega, al pie de las murallas toledanas y la expectación era enorme. Por fin se iba a conocer a aquella princesa tan celosamente guardada, y los rumores sobre su belleza corrían de boca en boca. Las damas más bonitas, ricas y poderosas del reino se mostraban impacientes y los caballeros que iban a competir templaban sus armas, también inquietos. Cuando apareció Aldegunda con su padre, un murmullo de admiración se dejó sentir por doquier.
Pero la princesa, estaba pálida, triste, miraba inquieta a un lado y otro, como si esperase encontrar o reconocer a alguien. Ya iban a sonar las trompetas que señalaban el inicio del torneo, cuando el heraldo anunció a un nuevo caballero que deseaba entrar en la lid. Ahmed se presentó a caballo, con una presencia imponente. Caballo y caballero refulgían de joyas, y sus armas eran las más hermosas de todo el real. Se había inscrito como "el Peregrino del Amor", pero se objetó que sólo podían participar en el torneo nobles y príncipes, por lo que decidió dar a conocer su auténtica filiación. ¡Un infiel musulmán, aunque fuese príncipe, compitiendo por una princesa cristiana! Aquello era imposible.
Sus rivales le rodearon en actitud hostil, y uno de ellos se rió en su cara del apelativo amoroso que había elegido, lo que enfureció a Ahmed que le retó. Se colocaron en posición de ataque y al más leve contacto de la lanza mágica del príncipe árabe sobre el enemigo, le derribó ante los aplausos de la multitud. Pero ahí no paró la cosa: las armas y el corcel, no en vano estaban embrujados, pues una vez que entraron en lid ya no hubo quien pudiera contenerlos. Emprendieron una lucha por su cuenta arrastrando al príncipe que, a duras penas, podía sostenerse sobre la cabalgadura. Arremetieron contra guardias, vasallos, nobles, hiriendo, golpeando, sin reparar a quién o quiénes derribaban y hasta rodó por el suelo el mismo rey, cuya corona fue pisoteada por el airado corcel. Se formó un tumulto difícil de controlar... la gente huía despavorida, y el padre de Aldegunda, se llenaba de ira.
Las campanas de la ciudad anunciaban las doce del mediodía y el mágico hechizo recobró su poder. Caballo, caballero, armadura y arneses emprendieron una cabalgada desbocada hacia la cueva donde habían dormido tanto tiempo y cuando llegaron al lugar, quedaron de nuevo como petrificados. El príncipe descabalgó confuso y afligido. Todo le había salido mal. ¿Cómo presentarse en Toledo después de lo ocurrido? Los caballeros cristianos se sentirían humillados y el rey, después de semejante ultraje, no desearía más que vengarse. ¿Y qué decir de Aldegunda? No querría verle y, posiblemente, ni siquiera le amase después de aquel bochornoso espectáculo. Ante tanto dolor y desconcierto, Ahmed envió a sus pájaros a la ciudad para ver cómo estaban los ánimos y par a recabar noticias. El loro voló de día y constató que la consternación en la villa del Tajo era enorme. La princesa se desmayó y hubo que llevarla en andas hasta al palacio, mientras la población comentaba la sonada aparición de un mago árabe o de un demonio que dio al traste con el torneo. Desde luego, los sucesos acontecidos no podían deberse a ningún mortal, sino que se trataba de cosas mágicas o de encantamientos satánicos.
El búho salió de noche y se posó en cuantos tejados, azoteas y almenas vio iluminados para escuchar lo que se decía, llegando hasta las ventanas del palacio de Aldegunda. La pobre princesa yacía en una cama, rodeada de sirvientes y médicos que trataban de mitigar su dolor, pero no había consuelo para ella. Cuando todos salieron de la estancia, la doncella sacó de su pecho un papel, que leyó entre lágrimas y suspiros. Tan entristecida estaba Aldegunda que el búho no pudo dejar de conmoverse.
Ahmed pensó cuánta razón tenía su viejo maestro. ¡Cuántas desdichas trae el amor!
La princesa empeoró en su estado. Ni sabios ni médicos daban con la razón de su mal que se agravaba por días. No quería ni comer ni beber, al tiempo que tampoco dormía. El rey, temeroso de perderla, publicó un edicto en el que decía que aquel que pudiera curar a su Aldegunda recibiría la joya más preciosa del tesoro real.
Al búho, conocido el ofrecimiento real, se le ocurrió una idea. En su última estancia en Toledo, descubrió una torre en la que se celebraba una reunión de búhos anticuarios, situada muy cerca de la que guardaba el tesoro real. A través de sus hermanos se enteró de que, en dicho tesoro, se guardaba la alfombramágica de Salomón, en una caja de sándalo. Esta alfombra tenía grandes propiedades mágicas y llegó a Toledo traída por los judíos de la diáspora, después de la caída de Jerusalén. Tal vez, con habilidad, Ahmed pudiera hacerse con ella y asegurar así su felicidad.
El príncipe meditó unos instantes... y el amor hizo el resto porque este sentimiento hace osado al tímido e ingenioso al que no lo es y a nuestro enamorado recursos no le faltaban. Se vistió de mendigo árabe, y se embadurnó la cara con un betún oscuro. De esta guisa, irreconocible, se presentó ante las puertas del palacio ofreciéndose para curar a la princesa. Los guardias quisieron echarlo al ver su aspecto, pero Ahmed insistía una y otra vez. Se formó un alboroto y salió el rey en persona a ver qué sucedía.
Al ver al mendigo, y conocedor de que los árabes poseían muchos secretos curativos, pensó que nada se perdía en que aquel hombre tratase de curar a su hija. Así que fue trasladado a las terrazas que daban a los aposentos de la princesa, seguido por numerosos cortesanos y por el rey.
Ahmed sacó una flauta, y sentándose en el suelo, se puso a interpretar varias tonadillas de música árabe que había aprendido en los jardines del Generalife. La princesa, en su lecho, escuchó insensible las tonadillas. Cuantos la rodeaban movían la cabeza con incredulidad... aquello no parecía que pudiera sanarla. El príncipe, dejando a un lado la flauta, se puso a cantar, con una sencilla melodía, las estrofas amorosas que le había escrito a la princesa en la carta que le envió. Aldegunda reconoció, al instante, el texto... Se levantó de la cama como movida por un resorte. Se dirigió a la terraza y el color de la vida volvió a sus mejillas pálidas. ¡El milagro se había producido! Quería ver de inmediato al trovador, pero no se atrevía a decírselo a su padre, que comprendió que ése era el deseo de su hija.
Ahmed fue introducido en la habitación de la princesa, y ambos se contemplaron, tímidamente, aunque con sus miradas se lo dijeron todo pues el lenguaje del amor es elocuente entre los enamorados.
El rey, contento y admirado, mantuvo su promesa y, además, le ofreció al príncipe convertirse en el médico de la corte, pero Ahmed dijo que sólo quería la recompensa ofrecida y que de todas las joyas posibles, deseaba una alfombra que estaba contenida en una caja de sándalo. Se trataba de una reliquia árabe que para él tenía un gran valor sentimental.
Todos se sorprendieron de la modestia de su petición y buscaron en el tesoro real la caja en cuestión. Se la presentaron al príncipe que, en presencia del rey y los cortesanos, fue abierta, apareciendo dentro de ella, la alfombra de seda verde que, en tiempos, cubrió el trono del gran Salomón. Ahmed dijo que era digna de estar a los pies de la hermosura de la princesa y la colocó junto a la otomana donde permanecía Aldegunda. Los dos se sentaron sobre ella, mientras el príncipe descubría su condición y le decía a su amada que él era "el Peregrino del Amor".
En aquel mismo instante, la alfombra echó a volar, llevándose a los amantes ante la estupefacción de cuantos contemplaron semejante prodigio.
Cuando el rey se recuperó de la sorpresa, reunió a un poderoso ejército para marchar sobre Granada y recobrar a su hija, arrebatada por aquel mágico sistema. La marcha hacia Al-Andalus fue larga y penosa para los cristianos, que llegaron por fin, plantando el campamento en su vega. Se enviaron emisarios a Ahmed para que devolviera a Aldegunda, pero en lugar de presentar batalla, el príncipe salió al encuentro de su ya suegro, acompañado de la princesa, cubierta de joyas y más bella aún que cuando estaba en Toledo.
Ahmed era ahora el rey, puesto que su padre había muerto y Aldegunda, su sultana. Ambos resplandecían de felicidad y el rey cristiano comprendió que no tenía nada que hacer. Se sucedieron las fiestas y los agasajos a los cristianos que, después de disfrutar de la hospitalidad musulmana, retornaron a Toledomuy contentos por el trato recibido y porque no se derramó una sola gota de sangre. La joven pareja continuó reinando en la maravillosa Alhambra, y se dice que aquella corte fue tan feliz como justa y querida por su pueblo.
No se olvidó Ahmed de las promesas que hizo a sus dos amigos, el loro y el búho. Al primero lo nombró maestro de protocolo y ceremonias, y el segundo ocupó el puesto de primer ministro. Con los consejos de las dos aves, el gobierno del "Peregrino del Amor" se rigió siempre por la buena administración y las buenas maneras...

Por que tú, tan majestuosa te alzas ante quien dirige su mirada hacía ti, envuelves nuestra alma de ese misterio que te caracteriza, nos haces soñar e imaginar lo que en un pasado vieron tus muros, por que eres unica... la Alhambra de Granada siempre firme y dispuesta a deleitarnos, pues nada sería de Granada sin tí....
                                                                  S.N.L

2 comentarios:

  1. Que bonito Blog , te felicito !! No dejes de creer en la cltura y en todo lo que te gusta . Te abrazo , una granadina que aun vive en Italia ( y que pronto volvera' en su Carmen ! ) Hasta pronto !!

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  2. Me ha encantado el blog y su leyenda final, un saludo,éxito!

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